Técnicas de estudio

Elaborar frente a repetir: por qué leer muchas veces no es lo mismo que aprender

Elaborar frente a repetir: por qué leer muchas veces no es lo mismo que aprender

Foto por Vitaly Gariev en Unsplash

Artículo basado en el libro Aprendiendo a aprender de Héctor Ruiz Martín, investigador y divulgador especializado en psicología cognitiva aplicada a la educación.

Muchos estudiantes creen que la mejor forma de aprender algo es exponerse a ello una y otra vez: releer el capítulo, volver a ver el video o repetir una definición en voz alta hasta que "se pegue". Sin embargo, como explica Héctor Ruiz Martín en Aprendiendo a aprender, la repetición ayuda muy poco si no va acompañada de elaboración, es decir, de pensar sobre lo que se aprende.

El experimento del billete

El libro propone un ejercicio muy revelador, que aquí adaptamos a Costa Rica. Tome papel y lápiz y dibuje de memoria un billete de cinco mil colones: qué figura aparece, dónde está el número, qué colores predominan, qué hay en el reverso.

Seguramente ha tenido cientos de esos billetes en la mano y, aun así, el dibujo le sale vago e incompleto. Ruiz Martín lo explica así: para usar un billete solo necesitamos reconocer su valor. Nunca nos detuvimos a analizarlo, a buscar relaciones entre sus elementos ni a preguntarnos por qué tiene ese diseño. La memoria no guarda lo que vemos muchas veces, sino lo que pensamos con profundidad.

El autor pone otro ejemplo cotidiano: el número de teléfono que alguien nos dicta. Lo repetimos mentalmente hasta anotarlo y, en cuanto está escrito, lo olvidamos. Para que perdure hay que darle sentido: encontrar una fecha conocida entre sus dígitos, notar un patrón o asociarlo con algo familiar.

Por eso, según Aprendiendo a aprender, costumbres de estudio como pasar los apuntes en limpio o releer con la mente en otra parte rinden tan poco. Mantienen las manos ocupadas, pero no hacen pensar.

Cuatro estrategias para estudiar elaborando

Ruiz Martín reconoce que "elaborar" puede sonar abstracto para un estudiante. En su libro propone cuatro estrategias concretas, que son las que tienen más respaldo en la investigación:

1. Autoexplicación

Haga pausas mientras estudia y explíquese con sus propias palabras lo que acaba de leer. Si se trata de un procedimiento, describa cada paso y por qué lo dio.

2. Interrogación elaborativa

Hágase preguntas sobre el contenido: ¿Con qué se relaciona que ya conozco? ¿A qué me recuerda? ¿En qué se parece a lo que estudié antes y en qué se diferencia?

3. Codificación dual

El cerebro humano es muy hábil para recordar imágenes y lugares. Cuando acompañamos una idea con una imagen mental o una historia visual, la retenemos mejor.

4. Ejemplos concretos y analogías

Los conceptos abstractos se entienden mejor a partir de ejemplos variados y en contextos distintos. Las analogías sirven como puentes provisionales. El autor advierte que hay que estar dispuesto a cambiarlas por otras mejores a medida que se avanza, como ocurre al comparar la electricidad con el agua en una tubería.

Activar lo que ya sabemos

Otra idea central del libro de Ruiz Martín es que aprender consiste en conectar lo nuevo con lo que ya está en la memoria. Por eso conviene preparar el terreno antes de estudiar:

  • Revise los títulos, subtítulos y palabras destacadas.
  • Intente anticipar de qué tratará el tema.
  • Repase mentalmente lo que cree saber sobre él.

Para ilustrarlo, el autor cita el experimento de James Pichert y Richard Anderson. Pidieron a varias personas que leyeran una historia que describía una casa: unas debían leerla como posibles compradores y otras como ladrones. Al recordarla, los "compradores" mencionaban aspectos como las habitaciones o las instalaciones, mientras que los "ladrones" recordaban los objetos de valor. Los conocimientos activados al leer guiaron lo que después se recordó.

La conclusión que extrae Aprendiendo a aprender es vincular lo que se aprende con muchos contextos y ejemplos distintos. Así el conocimiento se vuelve flexible y puede aplicarse ante una pregunta de examen formulada de una manera nueva, sin que aparezca la frase de siempre: "esto no lo vimos en clase".

¿Y cuando hay que memorizar datos sueltos?

Para datos arbitrarios como vocabulario, fechas, nombres o listas, Ruiz Martín recomienda las estrategias mnemotécnicas. Se basan en el mismo principio: ligar lo desconocido a algo que ya tiene sentido para nosotros.

  • Palacio de la memoria (método de loci): "coloque" mentalmente cada elemento de la lista a lo largo de un recorrido que conozca muy bien, como su casa.
  • Método de la clavija: asocie cada número a una imagen fija y conecte con esas imágenes los elementos que debe recordar.
  • Palabra clave: busque una palabra conocida que suene parecido al término nuevo y únala al significado con una imagen. Por ejemplo, la palabra inglesa cabbage (repollo) suena a "caballo"; imagine un caballo comiéndose un repollo enorme.
  • Acrónimos: forme una palabra o una frase con las iniciales de los elementos.
  • Cadena e historia: imagine los elementos interactuando entre sí o invente una historia visual que los reúna. Cuanto más extravagante sea, mejor se recuerda.

El propio autor aclara que estas técnicas son útiles para datos puntuales, pero no sustituyen la comprensión.

En resumen

El mensaje de Héctor Ruiz Martín en Aprendiendo a aprender es claro: estudiar mucho tiempo no garantiza aprender. Lo que marca la diferencia es cuánto pensamos sobre lo que estudiamos. Explicar, preguntar, ilustrar y conectar con lo que ya sabemos rinde mucho más que releer.

Fuente: Ruiz Martín, H. (2020). Aprendiendo a aprender: mejora tu capacidad de aprender descubriendo cómo aprende tu cerebro. Vanguard Books. Recomendamos su lectura completa a estudiantes, familias y docentes.