Este artículo está basado en las recomendaciones de Aprende como un Pro, de Barbara Oakley y Olav Schewe —un libro best seller que reúne, con respaldo científico, estrategias concretas para mejorar el rendimiento académico—. Sus autores son también los creadores de "Learning How to Learn", uno de los cursos en línea más tomados del mundo sobre técnicas de aprendizaje.
Muchas familias asumen que la clave para un buen resultado en las Pruebas Nacionales es simple: estudiar mucho. Y es cierto que dominar el contenido es indispensable. Pero, como explican Oakley y Schewe en su libro, la investigación en ciencias del aprendizaje muestra algo que sorprende a muchos padres: saber la materia y saber hacer un examen son dos habilidades distintas. Un estudiante puede conocer perfectamente los temas y aun así obtener una nota baja simplemente porque no desarrolló las estrategias necesarias para enfrentarse a la prueba en sí.
La buena noticia es que, según plantean los autores, estas estrategias se pueden enseñar y practicar, igual que cualquier otra habilidad. A continuación, algunas de las recomendaciones del libro adaptadas para las Pruebas Nacionales de sexto grado.
1. Familiarizarse con el examen antes de hacerlo
Una de las ideas centrales de Aprende como un Pro es que no se trata de adivinar las preguntas exactas, sino de entender la lógica de la prueba: qué tipo de preguntas trae, cómo se puntúan, y qué formato tiene. Un niño que ya conoce la estructura del examen llega con mucha menos incertidumbre que uno que se enfrenta a un formato desconocido por primera vez el día de la prueba.
Por eso los simulacros no son solo "práctica de contenido": son también una forma de que el cerebro se acostumbre al formato, al ritmo y a la sensación de estar bajo un examen real.
2. Practicar con exámenes anteriores (no solo leer sobre el tema)
Los autores destacan uno de los hallazgos más consistentes en la ciencia del aprendizaje: resolver preguntas de práctica enseña más, por hora invertida, que releer apuntes o resúmenes. Esto se conoce como práctica de recuperación (retrieval practice): al intentar responder una pregunta, el cerebro tiene que "sacar" la información activamente, lo cual fortalece la memoria mucho más que simplemente reconocerla en un texto.
Es clave que el estudiante resuelva los problemas por su cuenta, sin mirar la respuesta de inmediato. Ver la solución antes de intentarlo da una falsa sensación de dominio: la información queda solo en la memoria de corto plazo, de donde se olvida con facilidad.
3. Planificar el tiempo de estudio con anticipación
Un plan no crea tiempo extra, pero sí ayuda a usar mejor el que se tiene. Para las Pruebas Nacionales, esto puede ser tan sencillo como repartir los días disponibles entre las distintas materias, evitando dejar todo para la última semana y priorizando sesiones cortas y frecuentes por encima de maratones de estudio de un solo día (la práctica espaciada, de la que ya hemos hablado en artículos anteriores, sigue siendo una de las estrategias más respaldadas por la evidencia).
También es importante reservar tiempo suficiente para dormir bien, especialmente las noches previas al examen. El sueño no es un lujo: es parte del proceso de consolidar lo estudiado.
4. Leer las instrucciones y cada pregunta con calma
Parece obvio, pero es una de las causas más comunes de errores evitables. Bajo presión, es fácil leer una pregunta rápido y responder a lo que "parece" que se está preguntando, en vez de a lo que realmente se pregunta. Enseñarle al niño a leer cada instrucción con calma —y, si el tiempo lo permite, releer la pregunta antes de dar la respuesta final— puede evitar errores que no tienen nada que ver con el conocimiento de la materia.
5. Cuidar el tiempo durante el examen
Un error frecuente es pasar demasiado tiempo en una pregunta difícil y quedarse sin tiempo para las siguientes, incluso si esas otras preguntas eran más fáciles. Una estrategia simple: calcular cuánto tiempo hay disponible por pregunta y hacer chequeos rápidos del reloj a mitad del examen. Si una pregunta se complica demasiado, es mejor marcarla, seguir adelante y volver a ella al final, si queda tiempo.
6. Repasar las respuestas al final
Si sobra tiempo, vale la pena usarlo para repasar. La evidencia citada en el libro muestra que, cuando los estudiantes cambian una respuesta durante el repaso, es mucho más frecuente que estén corrigiendo un error que "dañando" una respuesta correcta. El mito de "la primera respuesta siempre es la mejor" no se sostiene con los datos.
7. Los nervios no son el enemigo
Sentir cierto nivel de ansiedad antes de un examen importante es normal, e incluso puede ayudar al rendimiento, señalan los autores. El problema no es sentir nervios, sino no saber qué hacer con ellos. Una técnica simple y efectiva: respirar profundo, llenando bien la parte baja de los pulmones (no solo el pecho), unos minutos antes de empezar. Esto ayuda a calmar el sistema nervioso y a que el niño llegue a la prueba con la mente más clara.
En resumen
Prepararse bien para un examen no es solo cuestión de estudiar más horas, sino de estudiar con estrategia —practicando con preguntas reales, cuidando el tiempo, y aprendiendo a manejar los nervios—. Estas son algunas de las recomendaciones que plantea Aprende como un Pro, un libro que vale la pena tener a mano si querés seguir profundizando en cómo mejorar el rendimiento académico de tu hijo o hija. Son habilidades que, una vez aprendidas, le sirven al estudiante mucho más allá de las Pruebas Nacionales de este año.