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Cómo acompañar a alguien que piensa en el suicidio: guía para familias y amigos

Cómo acompañar a alguien que piensa en el suicidio: guía para familias y amigos

Vincent van Gogh · Lirios (1889) · Museo J. Paul Getty · Wikimedia Commons (dominio público)

Setiembre · Mes de la Prevención del Suicidio

Portada: Lirios, de Vincent van Gogh (1889, Museo J. Paul Getty). La pintó durante su estadía en el asilo de Saint-Rémy-de-Provence, encontrando en el jardín del hospital un motivo de color y calma en un momento difícil.

Una de las preocupaciones más difíciles que puede vivir una familia es descubrir que un hijo, una hija, un amigo o un compañero de trabajo está pensando en quitarse la vida o se está haciendo daño. En esos momentos es normal sentirse perdido: ¿qué digo?, ¿qué no debo decir?, ¿a quién acudo?

Este artículo se basa en el libro When It Is Darkest (2021) del profesor Rory O'Connor, psicólogo de la Universidad de Glasgow y uno de los investigadores más reconocidos en prevención del suicidio a nivel mundial. Aquí resumimos sus recomendaciones principales, adaptadas al contexto costarricense.

Si usted cree que una persona está en peligro inmediato, no espere: llame al 911.

1. Lo que viven las familias

Cuando una familia se entera de que un hijo o una hija adolescente se autolesiona o ha tenido un intento de suicidio, es muy común sentir culpa, vergüenza, miedo, enojo y conmoción, todo al mismo tiempo. Los padres suelen preguntarse: "¿En qué fallé?", "¿Cómo no lo vi venir?", "¿Qué va a pensar la gente?"

La investigación con padres en esta situación (Ferrey y Hawton, Universidad de Oxford) muestra que muchos terminan agotados, deprimidos, hipervigilantes o sobreprotectores. Los hermanos también se ven afectados: algunos sienten enojo, otros culpa o miedo, y otros se vuelven un gran apoyo.

Además, las familias suelen sentirse muy solas. Por eso, si usted está pasando por esto, sepa que sus emociones son comprensibles y que pedir apoyo no es un signo de debilidad.

El autor cuenta el caso de unos padres cuyo hijo adolescente, aislado y con la autoestima muy baja, tuvo un intento que nadie esperaba. Habían notado cambios (dormía mal, estaba irritable), pero los atribuyeron "a la adolescencia". Su historia nos recuerda que los cambios de conducta merecen una conversación, aunque parezcan normales para la edad.

Según los datos que cita el libro, al menos 1 de cada 10 adolescentes se ha autolesionado antes de los 16 años, y muchos más tienen pensamientos suicidas. No es un problema raro ni exclusivo de "otras familias".

2. Comunicación: el principio, el medio y el final

O'Connor insiste en que la buena comunicación es la base de todo. No siempre es fácil, sobre todo si usted está asustado o enojado. Por eso plantea sus consejos como cosas que conviene intentar, sin exigirse perfección.

Cómo iniciar la conversación

  • Busque un momento tranquilo y, si es posible, combínelo con otra actividad, como caminar o ir en el carro. Hablar lado a lado es menos intenso que hablar cara a cara.
  • No lo acorrale. Si su hijo niega lo que pasa o no quiere hablar, está bien: inténtelo más tarde. Siempre déjele una "salida"; sentirse atrapado empeora las cosas.
  • Pregunte "¿Qué le pasó?" y no "¿Qué es lo que tiene de malo?" La primera pregunta invita a contar; la segunda juzga.
  • Considere otros canales. Algunos jóvenes se expresan mejor por un mensaje de WhatsApp que en persona.
  • Si no quiere hablar con usted, no lo tome como algo personal. Ofrézcale hablar con otra persona de confianza o con un profesional.

Qué transmitir

  • Dígale que lo quiere, pase lo que pase. Explíquele que lo que hizo o siente no cambia su amor.
  • Valide lo que siente, aunque usted no lo entienda del todo. Para la persona, ese dolor es real.
  • No minimice. Evite frases como "no es para tanto" o "eso se te pasa".
  • Recuerde que su hijo es el experto en lo que siente. Aunque se vea bien por fuera, puede estar sufriendo por dentro.

3. Identificar detonantes y buscar alternativas

Cuando ya hay comunicación, pueden trabajar juntos para:

  • Identificar qué situaciones desencadenan los momentos más difíciles.
  • Construir un plan de seguridad, que es una hoja sencilla con señales de alerta, estrategias para calmarse, personas a quienes llamar y lugares seguros. Un profesional puede ayudarles a elaborarlo.
  • Buscar otras formas de manejar las emociones intensas, por ejemplo:
    • Distraerse: ver una película o escuchar música.
    • Calmarse: darse un baño, dibujar o hacer algo creativo.
    • Descargar tensión de forma segura: hacer ejercicio o practicar un deporte.

Lo que le funciona a una persona puede no funcionarle a otra. Lo importante es probar juntos.

No defina a su hijo por lo que está viviendo. Recuérdele sus fortalezas, que no es un fracaso y que este momento, por oscuro que parezca, va a pasar.

4. ¿A quién contarle?

Decidir a quién contarle es delicado: hay que equilibrar la privacidad con la necesidad de apoyo. Conviene conversarlo con su hijo, pensando en cómo reaccionaría cada persona (abuelos, tíos, hermanos).

Los hermanos, aunque no se les cuente todo, suelen notar que algo pasa y también pueden necesitar apoyo.

Esto incluye el mundo digital: muchos jóvenes comparten lo que sienten en redes sociales. Existe una guía llamada #chatsafe, creada con jóvenes en Australia y adaptada al español, que enseña a hablar del suicidio de forma segura en internet: cuidar lo que se publica, pensar que las publicaciones se pueden viralizar y saber cómo pedir y ofrecer ayuda.

5. El papel de los profesionales de salud

El libro señala que la mayoría de las personas jóvenes que mueren por suicidio visitaron a un médico general en el año anterior, aunque no siempre contaron lo que sentían. En Costa Rica, ese primer contacto puede ser el EBAIS, el médico de confianza o un psicólogo.

Cuando los investigadores preguntaron a jóvenes qué esperan de un profesional, respondieron:

  • Que les pregunten directamente por su salud mental, no solo por la física.
  • Que les expliquen qué pasa con su información y quién se va a enterar. El miedo a perder la privacidad hace que muchos callen.
  • Que no los reduzcan a una etiqueta ("en riesgo", un diagnóstico) y los vean como personas completas.
  • Que el profesional muestre interés real: escucha activa, contacto visual, sin trato de "llenar un formulario".
  • Que haya seguimiento después de la primera consulta.

Un dato importante para las familias: los cuestionarios o escalas por sí solos no predicen el suicidio. Una buena evaluación se basa en una conversación que integre la historia de la persona y lo que está viviendo hoy.

6. Cuide también de usted

Si usted es madre, padre o cuidador, su bienestar importa. En medio de una crisis cuesta pensar en uno mismo, pero si usted se agota no podrá acompañar a su hijo. Busque espacios para descansar, apóyese en su familia y amistades, y considere buscar ayuda profesional para usted también.

7. Cuando se trata de un amigo o un compañero de trabajo

O'Connor perdió a dos amigos por suicidio. Cuenta que, aunque hablaba con su amiga sobre su dolor y su desesperanza, nunca le preguntó directamente si pensaba actuar sobre esos pensamientos, y que esa es una duda con la que todavía vive.

Por eso su consejo es claro:

  • Pregunte directamente: "¿Ha pensado en quitarse la vida?" o "¿Ha pensado en actuar sobre esos pensamientos?" Preguntarlo no aumenta el riesgo; al contrario, abre la puerta a pedir ayuda.
  • Si la respuesta es sí, hablen de buscar ayuda y de un plan de seguridad. Si la persona no se anima a llamar a un profesional, ofrézcase a hacerlo con ella o por ella.
  • Si cree que está en peligro inmediato, aunque no esté de acuerdo, llame al 911.

Señales de alerta

Muchas personas ocultan lo que sienten, pero hay señales que vale la pena explorar:

  • Sentirse atrapado o sin esperanza.
  • Estar agitado o tener conductas de riesgo.
  • Hablar de soledad (la investigación muestra que la soledad predice pensamientos suicidas con el tiempo).
  • Sentir que es una carga para los demás.

Si alguien le cuenta que piensa en el suicidio, tómelo siempre en serio. Según el libro, cerca del 40 % de las personas que mueren por suicidio se lo habían dicho a alguien antes. Que se lo cuente a usted es un acto de valentía y una forma de pedir ayuda. Evite reaccionar con alarma, incredulidad o juicio: responda con calma, empatía y compasión, para que la persona no se vuelva a cerrar.

Recursos en Costa Rica

  • Emergencias: 911.
  • Línea Aquí Estoy, del Colegio de Profesionales en Psicología de Costa Rica: apoyo psicológico en crisis.
  • EBAIS, clínicas y hospitales de la CCSS.
  • Centros educativos: docentes, orientación y el equipo interdisciplinario.

En Mente Abierta acompañamos a familias, adolescentes y personas adultas. Si usted o alguien cercano está pasando por un momento difícil, no tiene que enfrentarlo solo.

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Referencia: O'Connor, R. (2021). When It Is Darkest: Why People Die by Suicide and What We Can Do to Prevent It. Londres: Vermilion. Este artículo es un resumen informativo y no sustituye la atención profesional.